Un caballo de Troya en el peronismo
En estas últimas semanas el mercado está descontando una segunda derrota kirchnerista que probablemente sea aún más significativa que la primera.
El peronismo enfrenta a generaciones de argentinos cada vez más lejos de 1945, que se desentienden de Perón y Evita y hasta se atreven a hacerle el más incómodo de los cuestionamientos: ¿si fueron tan exitosos en la gestión de nuestro país y gobernaron la mayoría de estos años, por qué estamos así de pobres?

El peronismo está siendo revisado por una parte mayoritaria del electorado y para tener alguna posibilidad de volver a convencer, deberá cambiar de liderazgo, de mensaje y de mecanismo comunicacional, enorme tarea de reconstrucción tiene por delante y llevará muchísimos años conseguirlo.

Al mecano se le van cayendo las tuercas

Gradualmente y con la engañosa parsimonia que caracteriza al presidente Macri, al peronismo, como al mecano, se le están aflojando todas sus tuercas.

Corre el peligro de empezar a desarmarse en pedazos. Es que tiene bien adentro todavía al kirchnerismo, un caballo de Troya al que el oficialismo sigue dándole oxígeno y que no para de restarle votos y -por sobre todo- margen de reconstrucción. Incluso quizá lo de “Troya” sea una subestimación, el kirchnerismo representa para el peronismo una pegajosa herencia con sabor a impredecible bipolaridad.

Los que apuestan al pasado son una pequeña minoría obsoleta . La era K ya fue y su destino culminó siendo presa de su propio mesianismo, aun cuando sus líderes no lo quieran reconocer y sigan marchando, haciendo piquetes, e inventando historias kilomberas. Sin embargo, el daño electoral que esta actitud le propina al peronismo sigue siendo sustancial y formidablemente funcional para un oficialismo que continúa incrementando apoyo político, un poco por acción propia y otro tanto debido al contraste que genera semejante irascibilidad.

Esta estancia anti-republicana K incrementa las chances electorales de Macri y equipo de cara a octubre, debilitando al mismo tiempo a las distintas versiones de peronismo que se ofrecen en nuestra generosa góndola política. Claramente, el peronismo sigue leyendo mal las cartas.

Por otra parte, mucho político con pasado K no la está pasando nada bien en el plano electoral abarcando a un amplio abanico de personajes reciclados que se propaga desde el golden boy de la embajada hasta el hombre humo de la renovación, en un claro mensaje de la ciudadanía: si fuiste K no podés ser otra cosa.

La Argentina de hoy no necesita punteros, patotas y puñetazos, demasiado mal nos ha ido con esta actitud a lo largo de setenta años. Necesitamos, por el contrario, generar un acuerdo respetuoso, racional y perdurable por al menos tres largas décadas. En esa Argentina que espero, el mesianismo K ya no tiene lugar y el peronismo lo sabe muy bien.

Con el tiempo veremos al kirchnerismo reducido a una pequeña expresión de izquierda extrema y al peronismo recuperando a alguna versión más tradicional de su variada historia multifacética. Mientras tanto, el oficialismo seguirá sumando y pintando de amarillo al mapa electoral de los argentinos, con caja y emisión de deuda a favor, tremenda ventaja tiene ahora.

Estamos transicionando desde un populismo extremo e irascible hacia uno blando y racional, pero populismo al fin. Es gigantesca, entonces, la mejoría que aún nos debemos como sociedad.

Formidable reacción de los activos argentinos

En una encuesta nadie se juega por nada, razón por la cual casi por definición, todas tienen un enorme margen de error y baja confiabilidad. Por el contrario, detrás de un precio, subyace una expectativa futura convalidada por quien paga una suma de dinero frente a un activo específico.

Si se pagó de más, se pierde, motivo por el cual uno intenta equivocarse menos. El mercado de bonos soberanos, el de acciones y el cambiario, se han expresado contundentemente post-PASO de agosto, reflejando no sólo la victoria del oficialismo, sino también lo que empieza a ser el incipiente descuento de una segunda reelección del presidente Macri hacia el 2019.

Por ejemplo, la parte larga de la curva argentina desde el 11/8, último día hábil pre-PASO, ha comprimido spreads en aproximadamente 70 puntos básicos lo cual significa un movimiento muy relevante, el Merval acompañó dicha tendencia y el peso argentino se apreció contra el dólar.

En estas últimas semanas el mercado está descontando una segunda derrota kirchnerista que probablemente sea aún más significativa que la primera y lo relegue finalmente y por el bien de nuestra nación, al olvido eterno, guardándolo en un capitulo muy oscuro de nuestra historia republicana.

La deskirchnerización de la curva de bonos se inició con las PASO del 2013, desde entonces comprimimos más de 600 puntos básicos, una sustancial baja de riesgo país ante lo que paulatinamente se ha ido convirtiendo en un apoyo mucho más generalizado al gobierno de Cambiemos.

Futuras compresiones

Un escenario podría ser que el mercado se anime a comprimir unos 25 puntos básicos adicionales en la parte larga de la curva anticipando lo que podría ser una contundente victoria de Macri en octubre.

Otro escenario podría ser que el mercado se quede en estos niveles hasta observar los resultados de octubre, reanudando el rally de bonos largos argentinos para entonces si hay convalidación de las actuales expectativas electorales.

El tercer escenario es que el mercado se quede en estos niveles y con un resultado positivo en octubre le pida al gobierno mayor decisión referida a la definición concreta de un sendero fiscal a mediano plazo.

Sigo con la sensación de que los próximos 75 puntos básicos ocurrirán más rápido de lo que descontamos y tendrán como principal factor a un mercado internacional que premiará la contundente chance de “no peronismo” por lo menos hasta el 2023.

País más libre

Los regímenes populistas atentan contra la libertad de mercado, dado que los mismos votan todos los días y se expresarían respecto a la gestión del fascista de turno.

Bajo este marco se dimensiona fácilmente la lógica kirchnerista del cepo cambiario y la de vivir en default: cuanto más cerrados al mundo, menos libres, llegando al extremo venezolano. Así de siniestro y tortuoso culmina siendo el populismo para con su pueblo.

El populismo va por todo tal como nos contaron en el 2011 montados en un 54% que hoy quedó reducido a una pequeña minoría en permanente decadencia, atada a un relato inverosímil que los argentinos mayoritariamente decidimos ignorar y amenazando incluso con quedarse con lo más valioso de un ser humano: su libertad.

Reducir un 30% de pobreza para un país que alguna vez fue rico nos obliga a concentrarnos en otra propuesta y ponerle el pecho la cruel realidad heredada del kirchnerismo con un sentido de máxima urgencia. Este proceso que se viene ha sido parcialmente descontado en los mercados financieros.

Lo formidable de ellos es que hasta la libertad misma encuentra un valor de equilibrio y ese parecería ser el nuevo rumbo escogido democráticamente por la mayoría de los argentinos. De esta forma, comprimir riesgo país es una forma de ser cada día más libres y de decirle al kirchnerismo que ya es historia hoy y para siempre.