Clave para el dólar: por qué el mercado vuelve a hablar de default y cómo impactaría

Este lunes, el Banco Central (BCRA) salió neutro en el mercado de cambios. Lleva once días sin vender, aunque tampoco está logrando incrementar sus reservas en los últimos días, ya que tras haber embolsado u$s200 millones la semana pasada no hizo más adquisiciones fuertes, aunque sigue en marcha la liquidación de las exportaciones de cosecha fina.

Esto se dio en una jornada de actividad más tranquila por el feriado en Estados Unidos en conmemoración de Martin Luther King. En ese escenario, los distintos tipos de cambio se comportaron sin mayores sobresaltos. Sin embargo, uno de los temas que sobrevoló la City en este día es rumor de la posibilidad de que la Argentina caiga en default con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Si bien el Gobierno viene haciendo los pagos correspondientes en los últimos meses (lo que pareciera un signo concreto de voluntad de acordar) y ha dicho muchas veces que quieren llegar a un entendimiento al igual que el Fondo, muchos sostienen que podría no concretarse ese deseo. Y, la gran pregunta es: ¿por qué muchas voces no descartan esta posibilidad y algunos, incluso, hablan de que sería algo auto infligido?

El origen de los rumores

Según indica a iProfesional el economista y director de Analytica, Claudio Caprarulo, estos rumores tienen su origen en «los trascendidos que hay sobre cómo estaría la negociación y el efecto negativo que se vio en los mercados tras la reunión del ministro de Economía, Martín Guzmán, con los gobernadores».

Por su parte, el economista Federico Glustein apunta que «la posibilidad está latente porque todavía no se ha llegado a un acuerdo, tampoco se conoce una propuesta viable para lograrlo y las partes están más lejos de lo que se cree». Sin embargo, reconoce que a ambos actores les conviene acordar:

A la Argentina, porque apoya la posibilidad de recuperación de lo perdido por la pandemia y le daría la posibilidad de consolidar una trayectoria de pagos, fiscal y monetaria sostenible en el tiempo.

Y al FMI, porque no cobrar el préstamo podría generar desconfianza con los otros acuerdos, sobre todo teniendo en cuenta que el ‘stand by’ firmado con el organismo es el de mayor cuantía en su historia.

Entonces, ¿por qué no se cierra? Por estos días, tal como lo expresó Guzmán en la conferencia ante los gobernadores, el gran escollo es la falta de acuerdo respecto del nivel aceptable de déficit fiscal. «Nuestro país no quiere realizar el ajuste en el gasto que pide el FMI», resume Glustein.

En tanto, Caprarulo apunta que también hay un gran porcentaje de especulación en los rumores porque «quienes saben lo que realmente pasa son pocos integrantes del Gobierno». En este sentido, sostiene que «en una negociación tan compleja, con distintas aristas y que nos va a condicionar tanto en los próximos 10 años, es lógico que haya momentos de mayor tensión y que se hagan puestas en escena como parte del tire y afloje».

Sin embargo, advierte que «ya hace dos años que asumió el Gobierno y viene negociando desde el primer momento con el Fondo». En consecuencia, señala que «defaultear con el Fondo sería un escenario muy malo para la Argentina porque haberle pagado al FMI u$s1.800 millones en diciembre con la situación actual de las reservas para ahora tomar ese camino sería un gran fracaso y hablaría de un muy mal manejo de la negociación».

Las consecuencias de un default

Por eso, desde Analytica se resisten a considerar que el Gobierno esté considerando esa alternativa como una opción. Además, advierte que un default le quitaría a nuestro país financiamiento no solo del Fondo, sino también de otros organismos internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y el Banco Mundial (BM).

«Si se rompe con el FMI, deja de tener un cierto saldo a favor que hoy posee con esos organismos de divisas que necesita. Y, al mismo tiempo, la lectura de los mercados sería muy negativa en ese contexto, se profundizaría mucho más la brecha, etcétera. En conclusión, sería un escenario muy de borde», describe Caprarulo.

Asimismo, menciona que, hay algunos sectores que siguen traccionando inversiones, como el de energías alternativas, y que, en un contexto de default se verían afectados con un endurecimiento de las exigencias de rentabilidad por el riesgo que significa un país que defaulteó con el FMI.

En igual sentido, Glustein señala que un default con el FMI generaría una mayor brecha entre los dólares alternativos y el oficial, ya que se daría una fuerte dolarización de inversiones por parte de los agentes y el Gobierno no estaría dispuesto a una devaluación agresiva.

Coincide con su colega en que «el riesgo que se corten flujos de préstamos con otros organismos internacionales y que las empresas multinacionales frenen su ingreso de divisas para eventuales inversiones» sería otra consecuencia muy negativa.

Y, por último, advierte que todo esto tendría impacto en inflación, en el MERVAL y en las expectativas del mercado, elementos que podrían contraer la recuperación de los puntos perdidos durante la pandemia en un contexto en el que «también hay que negociar con el Club de París y que garantizar el roll-over de la deuda local y mantener la evolución de las LELIQs».

Teniendo en cuenta lo negativo de ese escenario, mientras hoy algunos hablan de que podrían dejarse pasar seis meses después del vencimiento sin entrar en default, Caprarulo considera que lo más viable es «tratar de acordar» antes de marzo, tal como anticipó el Gobierno, porque eso equivaldría a medio año más de incertidumbre y «cada día que pasa influye de manera negativa en la negociación».