Play to learn: lanzaron el Metaverso de la UBA

Y entonces, llegando a las siete y media de un jueves 5 de mayo de 2022 -dirán las crónicas- por fin la creatividad que estos tiempos tecnológicos reclaman se apersonó en el prestigioso escenario del salón de actos de la Facultad de Derecho de la UBA. Y Ámbito, como media partner, fue testigo privilegiado de este hecho.

La irrupción se produjo ahí donde debaten los candidatos a presidente y se entregan, con esperable solemnidad, los diplomas a quienes se reciben de abogados. Sin embargo, Leandro y Federico Agostino, de Scubalight Studios, caminaron esas tablas con el desparpajo necesario para remover cierto tufillo a naftalina.

A sus espaldas permanecía impasible la fundación de la institución académica número uno de Iberoamérica, plasmada en el imponente cuadro pintado por Antonio González Moreno en 1948.

Pero los pibes mendocinos, en vez de ver atrás, eligieron mirar para adelante. Había más de mil personas en ese icónico espacio, -y alrededor de mil quinientas siguieron el evento por streaming- y estaban allí, rebalsando el lugar, entusiasmados por presenciar el lanzamiento del Metaverso de la UBA: la criatura que Leandro y Federico desarrollaron junto con el Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la universidad (UBA IALAB) encabezado por Juan Corvalán.

Es cierto que, para ese momento, ya habíamos tenido algo de pirotecnia visual y tecnológica con dos hologramas extraordinarios que proyectaban imágenes tridimensionales de joysticks, la fachada de la facultad, y palabras que hacían piruetas en el aire.

Incluso vale destacar que, no sin algunas fallas técnicas, el evento había comenzado puntual a las 17 con Lee Ullman, Director Senior del MIT explicando desde Estados Unidos vía Zoom lo importante de que América Latina tome la iniciativa en cuanto a Metaverso, sobre todo de la mano del Laboratorio que impulsa un ecosistema de innovación único en habla hispana.

Sin embargo, habíamos pasado, incluso, el momento del catering y faltaba ver el Metaverso.

Es decir, no sólo no habíamos visto el desarrollo de la demo. Se respiraba la ansiedad por entender de qué va la cuestión de los entornos inmersivos, lúdicos, virtuales. Había ganas de zambullirse en el cambio de paradigma, de empezar a hablar el idioma del entretenimiento digital vinculado a la educación, al trabajo, a las ciudades, a todo.

Entonces Leandro tomó el micrófono, se puso de frente al público y organizó una ola como la de los mundiales. “¡Creo que nunca en la historia de este salón de actos se hizo una ola!” alcanzó a advertir Corvalán, a medio camino entre la incredulidad y la carcajada.

Desde luego, la gente se sacudió, festejó la idea, aplaudió y entonces cambió la energía.

Tanto, que Corvalán no era, a esa altura, el único sorprendido: Juan Manuel Haddad, gerente de Legales de Telefónica, tampoco podía creer que el lugar se hubiera colmado por una propuesta que no tenía nada que ver con el mundo jurídico: “Tenemos Metaverso en la Facultad de Derecho y la gente parada en los pasillos. Nunca visto” repetía sonriendo.

 

Entonces, las pantallas laterales proyectaron un avatar recién bajado del colectivo, en la parada sobre Figueroa Alcorta. Es un humanoide, una especie poco definida. Trota, cruza la avenida, llega a las escalinatas, y hay una recibida. Un montón de avatares festejando; tienen rostros de dinosaurios, o de criaturas fantásticas de difícil identificación.

Y ahí empieza a quedar claro por qué apostar a la palabra de moda: “Cada vez que Juan me dice ‘che, Leandro, por qué no hacemos que la gente estudie en el Metaverso’, yo le respondo ‘dale, pero que haya un profesor que hable de dinosaurios y entonces aparezca uno en el aula virtual, o que sea tridimensional, y se coma al que no presta atención”.

“Yo, cada vez que puedo, le hago acordar a Leandro que estamos en la UBA, que todo bien pero tratemos de no hacer explotar nada ni matemos a nadie” atinaba a responder Corvalán ante la carcajada del público.

Y es que para entender el fenómeno Metaverso hay que mirar la intersección entre videojuegos, Blockchain y dispositivos que podemos colocar en nuestro cuerpo para engañar a los sentidos: gafas de realidad aumentada o realidad virtual, auriculares, guantes hápticos.

Pero, desde el punto de vista sociológico, se imponen datos que hablan de tendencias mundiales: con el confinamiento mundial por COVID-19, se confirmó que un tercio de la población mundial juega juegos virtuales.

Al mismo tiempo, dada la economía de la atención y el alza en las horas promedio de uso de dispositivos digitales móviles, las empresas compiten por hacer que nuestra mente se detenga en lo que pretenden transmitirnos. Por ende, la capacidad de concentración baja dramáticamente y eso impacta de lleno en la educación.

“Por eso, nosotros -plantearon desde Scubalight- pensamos que es una muy buena idea que se desarrolle un entorno inmersivo educativo, en el que los alumnos recuperen la concentración porque, como en los videojuegos, cuando te metés ya no prestás atención a otra cosa”.

Parece mentira, pero la Generación Z, primera camada de nativos digitales puros, gamifica cada aspecto de su vida. En ese segmento el 90% de las personas juega videojuegos, y empresas como SAP buscan la forma de volver lúdico desde el reclutamiento hasta un ascenso en el trabajo, pasando por la capacitación del personal.

Ese es el dato que el UBA IALAB tomó como punto de partida para pensar en el Metaverso más allá de la moda tecnológica: cambiar la manera de concebir los procesos pedagógicos, proponer una nueva forma de enseñar y aprender a distancia, signada por la construcción simbólica que las nuevas generaciones demandan. Es aplicar gamificación para que la experiencia educativa se enriquezca.

De esa manera lo entiende Agustina Pérez Comenale, experta en Blockchain miembro del equipo legal de Binance Latam, una de las disertantes internacionales de mayor perfil en América Latina.

Al analizar las cualidades del Diplomado en Metaverso y Gaming que la UBA ofrece, destaca: “es el primer programa en la región en tener su propio Metaverso, el cual está en una fase beta pero muy pronto para utilizar (…) Para poder hablar de tecnologías no solamente hay que estudiar y entender, sino también lograr experiencias prácticas para los estudiantes”.

Corvalán, afirmado como referente internacional de la innovación tecnológica, repite casi como un mantra “no queremos llegar tarde otra vez”.

Se refiere, claro está, a que en estas latitudes vimos cómo nos pasó por arriba la internet 1.0, y luego la explosión de los datos móviles, y más tarde el almacenamiento infinito en la nube, y la inteligencia artificial como Cuarta Revolución Industrial, que todavía tiene terreno para desplegarse, pero no parece ocupar espacio en la agenda de la clase dirigente.

En un escenario nacional no precisamente favorable, la UBA hace cabeza de playa con una apuesta arriesgada pero mirando la educación con ojos de este siglo; pensando, primeramente, en los jóvenes que ahora mismo están publicando sus fotos y videos de los hologramas del Metaverso en las redes; luego, los expertos del ecosistema interdisciplinario más grande de habla hispana están mirando el futuro, y diseñando la educación de quienes todavía no llegaron al secundario.

Para estos últimos, probablemente, los entornos virtuales inmersivos serán del todo comunes. El talento local tiene allí dos oportunidades: una veta de crecimiento y desarrollo económico cuyo mercado es global y un espacio en el que quizá se amalgame el interés de quienes encaran estudios superiores con el lenguaje al que estén habituados.

Menuda tarea se propone el UBA IALAB: impulsar un cambio de paradigma (de la educación analógica a la digital, y de esta al Metaverso, en palabras de Corvalán) en una de las áreas más reacias a los cambios: la educación.

Con el lanzamiento del Diplomado en Metaverso y Gaming y el propio entorno virtual gamificado, la UBA señala el rumbo en un esquema que reúne empresas (además de Ámbito, Vorterix colaboró en la difusión del evento) sector académico – científico y Estado, tal como hoy se diseñan las soluciones a los problemas complejos.

Es, sin dudas, un comienzo auspicioso.